https://youtu.be/Blopo69NV0Q
Buscar en este blog
domingo, 7 de noviembre de 2021
jueves, 4 de noviembre de 2021
Fundamentos del Arte II. Escultura del s.XIX.
A. Rodin (1840-1917)
Escultor francés que dotaba a su trabajo de gran fuerza psicológica, expresada a través del modelado y la textura. En el arte de Rodin se funden una técnica impresionista, que con la rugosidad de las superficies y la multiplicación de planos obtiene efectos de luz, la profundidad vital y la fuerza colosal que anima las figuras. Se le considera uno de los escultores más importantes del siglo XIX y principios del XX. Estudió arte en una escuela pública para artesanos y por su cuenta en el Louvre, ya que no fue admitido en la École des Beaux-Arts. Durante muchos años trabajó para otros escultores, incluido Ernest Carrier-Belleuse. Rodin colaboró, a principios de la década de 1870 en la realización de una escultura arquitectónica para la Bolsa de Bruselas. En 1875, viajó a Italia, donde se sintió atraído por el tratamiento del movimiento y la acción muscular en las obras de los escultores del renacimiento, Donatello y Miguel Ángel (el fuerte impacto de la terribilitá de Miguel Angel se aprecia en toda su obra). Para Rodin, la belleza en el arte consistía en una representación fidedigna del estado interior, y para lograr este fin a menudo distorsionaba sutilmente la anatomía.
LAS PUERTAS DEL INFIERNO (1880-1917)
La puerta representaba principalmente escenas del Infierno, la primera parte de la Divina Comedia de Dante. Aunque Rodin no completó las Puertas , creó modelos y estudios de muchos de sus componentes escultóricos, siendo todos ellos aclamados como obras independientes.
Su escultura, en bronce y mármol, se divide en dos estilos. El estilo más característico revela una dureza deliberada en la forma y un laborioso modelado de la textura, el otro está marcado por una superficie pulida y la delicadeza de la forma. Rodin produjo algunas esculturas importantes entre 1858 y 1875, incluyendo entre ellas especialmente Hombre con la nariz rota. Sin embargo, su reconocimiento llegó en 1877 con la exhibición en el Salón de su desnudo masculino La era de bronce. Este trabajo levantó controversia dado su extremado realismo y provocó la acusación de que Rodin había hecho moldes de yeso a partir de modelos vivos. La exhibición en 1880 de su desnudo San Juan Bautista, que resaltaba las cualidades humanas del sujeto, acrecentó la reputación de Rodin. El mismo año comenzó a trabajar en las Puertas del infierno, una puerta de bronce esculpido para el Museo de las Artes Decorativas de París. La puerta representaba principalmente escenas del Infierno, la primera parte de la Divina Comedia de Dante. Aunque Rodin no completó las Puertas del infierno, creó modelos y estudios de muchos de sus componentes escultóricos, siendo todos ellos aclamados como obras independientes. Entre estos trabajos se encuentran El beso (su famosa escultura El Beso, Elaborada entre 1886 y 1890, la escultura corresponde al momento en que Rodin trabaja junto con Camille Claudell). Esta experiencia de una relación en la que el goce de la unión física se unía a una camaradería de tipo espiritual, posiblemente contribuyó a un cambio en su concepción del amor que es evidente en las obras del período. Del amor culpable manifiesto en los grupos de Las Puertas del Infierno, donde las parejas se unen en la maldición del pecado compartido, se pasa a una representación visual del amor en la que una fuerza interna une en audaces enlaces y abrazos a seres que así manifiestan la expansión de su energía vital, de la felicidad compartida. Esta desmitificación y la representación del amor como parte del comportamiento de todo ser humano provocó una fuerte reacción en sus contemporáneos que juzgaron como crudamente realista e impúdica a El Beso (escena aceptada y gozada siempre que se diera un contexto mítico o literario). En este sentido, Rodin habría operado una especie de democratización de la sensualidad erótica. No obstante, la obra gozó de notable aceptación popular. Supone a un tiempo la apoteosis de la belleza y el movimiento, con la multiplicación de planos y la suave ondulación de la superficie), Ugolino, El pensador , Adán y Eva.
Su estilo deriva en plena madurez hacia las formas simbólicas, como en La catedral, reducida a dos manos en posición orante en la que las formas sugieren dimensiones que desbordan sus límites visibles o La mano de Dios, en la que de una etérea nube de mármol brota un cuerpo humano. Estas versiones intelectuales de los temas se desenvuelven en un plano de superación de lo sensible, similar al que acomete Cézanne en pintura. En 1886 terminó Los burgueses de Calais. Rodin también produjo numerosos retratos en los que se revelan los estados emocionales de los sujetos. Entre ellos, cuadros de cuerpo entero de los escritores franceses Honoré de Balzac y Victor Hugo, así como del pintor Jules Bastien-Lepage, también hizo bustos de los artistas franceses Jules Dalou, Carrier-Belleuse y Pierre Puvis de Chavannes. Murió en Meudon, cerca de París, el 17 de noviembre de 1917. Una parte de su obra puede verse en el Musée Rodin, de París.
La obra de François Auguste René Rodin marca, a la par del Impresionismo en pintura, el nacimiento de la escultura contemporánea, aunque su figura desborda los límites de ese movimiento para convertirse en uno de los escultores más grandes de todos lo tiempos. Podemos concluir, por tanto, que el lenguaje escultórico del siglo XX tiene su punto de partida en este extraordinario creador.
miércoles, 27 de octubre de 2021
Fundamentos del arte I. Decoración del Partenon
Esculturas del Partenón (Fidias, siglo V a.c.)
La mayor parte de la obra escultórica de Fidias no ha llegado a nuestros
días por tratarse de estatuas criselefantinas (de oro y marfil) como
el Zeus de Olimpia o la Atenea Parthenos. Sin pruebas que lo demuestren se le han atribuido las esculturas del
Partenón ya que sabemos que actuó como director de las obras de remodelación
de la acrópolis cumpliendo un encargo de Pericles. Es sin embargo evidente que la magnitud del
proyecto hace inviable que la escultura del templo hubiera sido realizada por una sola
persona. Hay que pensar por tanto en la intervención de un taller con varios
maestros actuando bajo la dirección de Fidias el cual quizá habría ejecutado
alguna de las obras. En todo caso, el espíritu clasicista de Fidias y algunos rasgos de su estilo, como los
"paños mojados", impregnan todo el conjunto.
Aunque ya hacia el año 460, bajo el gobierno de Cimón, tenemos noticias de
la actividad de Fidias, en concreto la ejecución de la monumental Atenea Prómachos, su gran hora llega cuando Pericles lo nombra epískopos de las obras de la Acrópolis. El partenón albergará la estatua criselefantina de la diosa Atenea, asombro de la
Hélade, y que dio lugar a una tradición de esculturas con esta
técnica. Su coste ascendió a 700 talentos, el equivalente a lo que costaría una flota de 230 trirremes; era –por otra parte–
una forma de atesorar la riqueza (al modo de los tesoros de las
iglesias medievales). Sostenía en su mano derecha la figura alada de
una Victoria (todo el programa edilicio de Pericles está enfocado en
una doble dirección: cantar la Victoria contra el bárbaro persa y
celebrar al demos ático). En el anverso de su gran escudo se representa una
Amazonomaquia, en su reverso una Centauromaquia, y en los bordes de sus sandalias una Gigantomaquia,
variaciones sobre un mismo tema: el conflicto entre la sophrosyne (inteligencia, prudencia, mesura) y la hibrys (soberbia, desmesura, orgullo), entre civilización y barbarie. Este será
también el leit motiv de las esculturas que decoraban el exterior del templo. La estatua fue presentada
en el año 438, con ocasión de las fiestas Panatenaicas; ese mismo año fue
inaugurado el templo, que debía estar completo hasta el techado.
El programa escultórico del Partenón (15 años de duración: 447-42 ).
Frontones: (438-32) Conocidos por las descripciones de Pausanias y los dibujos
que John Carrey realizó en 1674, hoy se conservan escasos y mutilados restos
(British Museum) algunos de los cuales han sido atribuidos al propio Fidias. A partir de estos
testimonios se puede intentar una reconstrucción del tema y la
composición de estas partes del templo. En el frontón occidental se
representaba la disputa entre Atenea y Poseidón por el dominio del Atica (De izquierda a derecha: Ilissos (?), Cécrops y su
familia, carro de Atenea, Atenea, Poseidón, carro de Poseidón, Familia
de Erechteo, (?) y en el oriental el milagroso nacimiento de la diosa, surgida de la cabeza de Zeus. (De izquierda a derecha encontramos las siguientes figuras:
Cuadriga de Helios, Dionisos, Demeter y Coré, Artemisa, Hera y su
sirviente Iris, Hermes, Zeus, Atenea coronada por una Niké, Poseidón,
Apolo, Hestia, Dione y Afrodita (?), carro de Selene. Importante la
inclusión de los carros “cósmicos” ya que suponen una novedad frente a
las típicas figuras acostadas de los vértices del frontón).
Metopas: Originalmente eran 92 aunque sólo han llegado a nuestros días 19
repartidas entre el Museo Británico y el propio templo. Se realizaron entre 447 y
442.
Occidentales: Amazonomaquia, alternándose una metopa con una amazona victoriosa
con otra donde el vencedor es el griego. Orientales: Gigantomaquia. Norte: Escenas de la destrucción de Troya Sur: Centauromaquia. Es la serie mejor conservada. Desde el punto de vista
estilístico, se puede decir que es una síntesis de las corrientes que
circularon durante el siglo V. Se ha observado que si las metopas se
hubieran encontrado separadamente y descontextualizadas, se podrían
haber datado, partiendo únicamente de datos estilísticos, entre 460 y
430. De hecho, en algunas se detecta el estilo severo, o incluso la
“mano” de Mirón, mientras que otras parecen delatar la intervención del
propio Fidias (S. I) . La mayoría de las conservadas pertenecen a la serie de la Centauromaquia
(la batalla entre los lapitas y los Centauros) entendida como una alegoría
de la lucha entre griegos y persas, una victoria de la razón contra la
fuerza, del orden frente al caos. En su elaboración se han distinguido tres
manos: una probablemente del propio Fidias, otra de su discípulo Alcámenes y otra del llamado "maestro barroco del Partenón".
Friso: (444-32) Es la novedad más espectacular del Partenón ya que hasta su
construcción, en ningún templo griego se había decorado con escultura el
muro exterior de la naos. El tema representado es la procesión de las Panateneas que cada cuatro
años se dirigía a la Acrópolis para hacer entrega a la diosa Atenea del
peplo que las arréforashabían bordado para ella. El friso arranca desde el ángulo sudoeste en dos
direcciones: hacia un lado el cortejo de las Panateneas y hacia el otro el de los jinetes. Ambos confluyen
en la fachada oriental donde se encuentra la asamblea de dioses. Son en
total más de 150 metros de friso de 1'02 mts. de alto que en la actualidad
se encuentra repartido entre el Museo de la Acrópolis, el Museo Británico y el Louvre parisino. A pesar de haberse escogido
un tema de la vida real y cotidiana (frente a la costumbre griega de
recurrir a la mitología como metáfora de la realidad), el tratamiento de la
obra no tiene nada de costumbrista. No son seres concretos los que allí se representan sino arquetipos, no es la procesión de
un año determinado sino cualquiera de ellas, son seres intemporales, eternos, es, como
decía Goethe, "un instante que dura toda la eternidad". [“el arte griego huía del caso concreto,
de la persona individualizada, del momento preciso. Evitaba el tiempo, el espacio y el
sujeto. Era un símbolo. Para el romano era una página de la Historia” García y
Bellido]
Se lo ha calificado como “el más largo y solemne relieve votivo de la
historia” (L. Beschi). Representa, en un bajorrelieve de apenas 5 cm.
de profundidad., la procesión de las Fiestas Panatenaicas, a finales
de verano, coincidiendo con el cumpleaños de la diosa. Cada cuatro
años, además, había una serie de certámenes atléticos y ecuestres,
además de la ofrenda de un nuevo peplo a Atenea. la procesión de
jinetes, carros, músicos, oferentes y animales que serían inmolados
avanzaba hasta la Acrópolis.
La procesión comenzaba en el friso oeste (Preparativos), para luego dividirse en dos ramas, que caminaban por los frisos norte y sur. Allí se ven los
caballeros y los carros; ya casi llegando a la zona este, se agolpan las
figuras de los ancianos, los oferentes y los animales. En el friso
este la procesión finaliza: allí se encuentran los dioses, repartidos
en dos grupos de seis -a la derecha Atenea, Hefastos, Poseidón, Apolo,
Artemis y Afrodita con Eros; a la izquierda Zeus y Hera (acompañada de
su mensajera Iris) Ares, Deméter, Dionisos y Hermes junto a los dioses
un posible grupo de héroes. Algo más allá las muchachas atenienses que avanzan. Entre los dos grupos de dioses una muchacha y un
niño portan el peplo. Aunque la unidad estilística es mayor que en las metopas, los expertos (B. Schweitzer, Alla ricerca di Fidia), detectan hasta cincuenta maestros con sus respectivos talleres, existiendo, por lo tanto, una yuxtaposición de
estilos, aunque todo ello sabiamente coordinado por las directrices de Fidias. Lo más importante es la
novedad del tema, con la participación democrática y comunal de la polis en la fiesta de la diosa. John
Boardman (The Parthenon and its sculptures, Londres, 1975, apunta la posibilidad de que los 192 jinetes,
aurigas y hoplitas representen a los 192 héroes atenienses muertos en
la batalla de Maratón] .
Se ha dicho que este friso, situado a 12 metros de altura, sería de
dificultosa visión, ya que lo taparía el perístilo, por no hablar de
la escasa luz. Sin embargo, se ha demostrado en los últimos tiempos
que un espectador situado a unos 18 metros de los muros de la cella,
podría verlo perfectamente; la brillante luz de Grecia compensaría la falta
de luz directa. Fidias, además, realizó correcciones ópticas, haciendo la parte
superior de las figuras en un relieve más pronunciado, previendo el
punto de vista del espectador.
El friso del Partenón es la obra maestra de la escultura griega, y la que cautivó, desde que en el siglo XVIII comenzó a recuperarse el legado fidíaco, la estética europea; en él pensaba Winckelmann cuando hablaba de “la noble sencillez y la serena grandeza” del arte griego; en él se inspiró Keats para su Odeon a Grecian Urn (“a thing of beauty is a joy for ever”).
El friso del Partenón es la obra maestra de la escultura griega, y la que cautivó, desde que en el siglo XVIII comenzó a recuperarse el legado fidíaco, la estética europea; en él pensaba Winckelmann cuando hablaba de “la noble sencillez y la serena grandeza” del arte griego; en él se inspiró Keats para su Odeon a Grecian Urn (“a thing of beauty is a joy for ever”).
Estilo: En la composición dominan las verticales y un ritmo pausado que sólo se
anima ligeramente en el cortejo de los jinetes. Aparecen recursos
de variatio para romper la monotonía de la procesión sin destruir su unidad. La muchachas avanzan en
fila pero sutiles variaciones en la postura y en el plegado de sus vestidos animan el
conjunto. A pesar de la escasa profundidad real del bajorrelieve (5 cm),
los artistas han conseguido plenamente la sensación de tercera dimensión
por medio de composiciones en diagonal (asamblea de dioses), escorzos, y
una adecuada disposición de las figuras. La técnica de los “paños
mojados” que se pegan al cuerpo y dejan traslucir la anatomía aparece en la
mayoría de las figuras y es la principal aportación estilística de Fidias.
La conquista del clasicismo, proclamada por la obra de Fidias en la
Acrópolis, debió parecer de tal envergadura que creó una especie de vacío a su alrededor. La
visión formal de Fidias, la nitidez y autoridad de su lenguaje
debieron ser reconocidas inmediatamente como definitivas existiendo la sensación de que se había llegado al punto
final del camino y de que todo estaba ya dicho, como sucedió en el
Renacimiento tras Leonardo, Miguel Angel o Ticiano.
(Fuente: epapontevedra.com)
Etiquetas:
Arte Griego,
Escultura Griega,
Fidias
viernes, 22 de octubre de 2021
Art Nouveau. Bruselas y Francia
Victor Horta (1861-1947)
Es uno de los arquitectos más representativos del “art nouveau”.
Fue uno de los primeros en utilizar el hierro como elemento decorativo. Los elementos estructurales se curvan como tallos vegetales y ondas marinas. Utilizando este material como base estructural y decorativa los elementos sustentantes siempre tienen esa doble funcionalidad, constructiva y poética.
Casa Tassel, de Bruselas autentico manifiesto del estilo por varios motivos:
- Libertad en la distribución interior sin largos pasillos
- Primacía del hierro y la línea curva, tanto en la fachada como en los detalles interiores
En la Casa Solvay (1895-1900) el gusto por la ondulación y la curvatura es exagerada.
La Casa del Pueblo (1896-99) fue demolida en 1965-1966 tenía una amplia fachada curva de hierro y cristal, la escalera y todos los ornamentos muy cuidados. Destacaba el salón de actos con vigas curvas que parecían ceder por el peso de la techumbre y soportes inclinados que daban al espacio interior mayor amplitud y seguridad.
Henry Van de Velde (1863-1957)
Influyó determinantemente en Europa.
Se inició en la arquitectura con la construcción de su propia vivienda y todo lo que en ella había: muebles, lámparas, alfombras, cortinas.
Decoró en 1896 la tienda de un comerciante “L´art nouveau” de donde nace el nombre del nuevo movimiento.
Etiquetas:
Arquitectura s. XIX,
Art Nouveau,
Modernismo
jueves, 21 de octubre de 2021
Fundamentos del Arte II. La época victoriana: la casa burguesa y la moda s. XIX
La época victoriana.
La reina Victoria I ocupó el
trono de Gran Bretaña entre 1830 y 1900. Los valores familiares, el amor por lo
doméstico, el aprecio por lo privado, el conservadurismo fueron los valores
dominantes en la época, que se exportaron a todos los países de Europa.
La vida doméstica se desarrolló
también de acuerdo a dichos valores, sobre todo en las casas ocupadas por la
clase burguesa, que en aquella época de auge industrial y comercial empezó a
predominar sobre la aristocracia.
La casa victoriana era algo más que
un lugar de residencia, se convirtió en todo un símbolo que reflejaba el éxito
social y económico de la nueva clase emergente.
El estilo victoriano también
influyó de forma decisiva en la decoración.
En el salón victoriano, estancia
principal, el mobiliario estaría realizado en un estilo historicista. Inicialmente a la manera del célebre artesano
francés André Charles Boulle (1642-1732). Boulle aprendió el oficio de su
padre, y por su gran maestría fue nombrado en 1672 primer ebanista del rey Luis
XIV de Francia. Sus muebles, de ricas maderas talladas con incrustaciones de
concha y latón, se hicieron famosos en Gran Bretaña.

Para los muebles victorianos se prefirió el uso de maderas oscuras, como las de caoba, palo de rosa, nogal o roble, así como la utilización de perfiles curvos y profusas y profundas tallas. El desarrollo de nuevas técnicas industriales abarató los costes, facilitando las reproducciones de estilos históricos, se posibilitó la producción de chapeados, madera curvada y mobiliario de metal.
El papier mâché también fue una innovación material utilizado en el mueble victoriano.
En la década de 1820 se empezó a aplicar sobre mobiliario, buscando nuevos modos de decorarlo, las incrustaciones de madreperla. Las creaciones resultantes solían ser pequeñas piezas domésticas como las escribanías y los portasobres.
Durante los años 30 y 40 el mobiliario refleja el gusto por los estilos históricos, tan de moda en este periodo, en concreto por el estilo más apreciado: el gótico. El interés por el gótico se originó en el siglo XVIII y se desarrolló a lo largo del s. XIX. Entre 1820 y 1870 se realizaron 343 edificios, como el edificio del Parlamento (1836), convertido en el paradigma del arte neogótico.
El neogótico llegó a su máximo esplendor gracias a August Welby Northmore Pugin (1812-1852), 

que fue diseñador junto con Charles Barry del Palacio de Westmister en estilo gótico perpendicular y del Big Ben, en 1850. Pugin influyó en toda una generación de diseñadores. Para la Exposición Universal de Londres de 1851 preparó una sección denominada “Corte Medieval”, y lo hizo con esmero tan obsesivo que agotó su salud mental y falleció al año siguiente. Fue la máxima personalidad europea impulsora del medievalismo.
Este revival sin embargo utilizó el gótico con poca fidelidad, dando lugar a muebles de estructura Regencia en los que se colocaban gabletes, pináculos y tracerías sin demasiado conocimiento ni fidelidad. En cualquier caso, su esplendor y máximo desarrollo se establece entre 1860 y 1890.
El granate y el verde son los colores dominantes en los interiores victorianos de mediados de siglo. En terciopelo es el tejido
elegido para tapizar el mobiliario decorado con pasamanería dorada. La consola
con espejo y tablero de mármol es uno de los muebles más representativos de la
época. Aunque procede de los salones de los palacios, en el s. XIX era un
mueble que no faltaba en ninguna estancia importante de las casas burguesas y
se destinaba a la exposición de objetos decorativos o del reloj.
El quinqué es el precursor de la
moderna lámpara de mesa y solían estar realizados de bronce dorado con esferas
de cristal que almacenaban el aceite que servía de combustible.
Las ventanas se vestían con
visillos y terciopelo mientras que las alfombras embellecían el suelo. Por otro
lado, el revestimiento de las paredes solía ser de papel impreso por
cromolitografía.
La moda Inglesa del s. XIX
La moda Inglesa del s. XIX
Por otro lado la moda inglesa del s. XIX sufrirá una
evolución importante.
A principios del s. XIX, la moda femenina en Inglaterra
sigue los dictados del estilo imperio francés: cinturas altas, amplios escotes
y tejidos pesados de satén o terciopelo.

Pero esta tendencia no dura más allá
de la década de los años veinte, pues hacia 1830, coincidiendo con la época
victoriana, se produce un cambio radical en la forma de vestir: trajes con
mangas voluminosas, escotes ovales que apenas dejan ver los hombros, adornos y
finos bordados en la parte inferior de la falda y tejidos frecuentemente
ligeros.
Durante el segundo periodo victoriano se producen dos
interesantes innovaciones: el gusto por los colores solemnes, como burdeos,
violeta, marrón, champán y negro, y la aparición de la crinolina.

Hacia 1846 surge la moda de las faldas cubiertas con
volantes, a veces muy numerosos, y en ocasiones confeccionados a base de varias
faldas superpuestas.
Actividades.
1. Define los siguientes conceptos: crinolina, capitoné, neogótico, revival, quinqué.
2. Busca imágenes pictóricas (retratos femeninos, escenas interiores) que reflejen el estilo y moda victoriana.
3. Busca información sobre el movimiento "Arts and Crafts" y sus objetivos.
Etiquetas:
Fundamentos del Arte II,
Hª de la Moda,
Mobiliario,
Moda s. XIX
Fundamentos del Arte II. El Modernismo
El Modernismo es el movimiento que cierra el siglo XIX en Europa y se extiende hasta comienzos de la centuria siguiente, aproximadamente entre la década de 1890 y 1920, con su momento culminante en los años noventa. Recibió diferentes nombres, según los países: Art Nouveau (Francia y Bélgica), Modern Style (Gran Bretaña), Jugendstil (Alemania), Sezession (Viena), Liberty (Italia), Modernismo (España).
La mayoría de estos calificativos (nuevo, moderno, joven) refleja el rechazo y afán de superación de la arquitectura historicista y ecléctica. Se trataba, por tanto, de un arte promovido por una burguesía refinada y orgullosa de su época, que deseaba un estilo propio no sometido a las normas del pasado. Entre los antecedentes del Modernismo está el movimiento inglés «Arts & Crafts» (Artes y Oficios), fundado por William Morris en 1861, que pretendía una vuelta al diseño artesanal y de calidad, en abierta oposición al trabajo deshumanizado y antiestético de la producción industrial. Este movimiento había despertado el interés por las artes menores y los elementos decorativos (muebles, vajilla, papeles pintados, etc.), que constituyen una parte esencial del entorno arquitectónico y de la vida que en él transcurre. En este mismo sentido, el Modernismo se interesó por la obra de arte total, desde la estructura arquitectónica hasta el diseño de muebles y utensilios domésticos, con una estética elegante y placentera, que recuerda en sus planteamientos e, incluso, en algunas de sus formas, al Rococó.
Desde un punto de vista técnico y formal, se incorporaron los avances de la arquitectura del hierro, que se exhiben sin tapujos y se revalorizan estéticamente:
Se utilizan y combinan materiales tradicionales (piedra, ladrillo) y nuevos (hierro, acero, vidrio), que se aplican indistintamente, según la conveniencia, a los elementos constructivos y a los decorativos.
Las estructuras metálicas sostienen el edificio y con frecuencia quedan a la vista, como en las cubiertas de vidrio, semejantes a las aplicadas a fábricas o estaciones.
La decoración, muy variada y rica en colores, es abundante, pero no trata de ocultar la estructura del edificio, que se nos muestra de forma abierta. Es más, los elementos constructivos, incluidos los elaborados con los nuevos materiales, a menudo cumplen también una función decorativa: columnas de fundición con formas de tallos, vanos y cubiertas con vidrieras policromadas.
El espacio interior adopta plantas libres, que huyen de la simetría.
La luz adquiere un gran protagonismo, penetrando a través de ventanas, miradores, vidrieras y claraboyas.
El aspecto exterior presenta la misma libertad de volúmenes y formas, en un deseo de transmitir al entorno urbano una sensación de alegría y variedad.
El Modernismo se aplicó a todo tipo de construcciones, desde edificios públicos de las más diversas funciones (hospitales, teatros, etc.) hasta establecimientos fabriles o viviendas particulares. Y se suelen distinguir dos grandes tendencias:
Una más ondulante, con un amplio desarrollo en Bélgica, Francia y España, particularmente en Cataluña. Todos sus elementos están dotados de una gran plasticidad y dinamismo, con especial predilección por la línea curva, tanto en lo estructural como en lo decorativo (motivos vegetales, figuras femeninas de largos cabellos y sinuosas vestimentas). Sus figuras más destacadas, fueron el belga Víctor Horta y al catalán Antoni Gaudí.
Y otra más rectilínea, característica del mundo anglosajón (Gran Bretaña, Austria y Alemania), que enlaza con el racionalismo del siglo XX. Su concepción, más severa, se basa en la línea recta y en una decoración de carácter geométrico. Una de sus figuras más sobresalientes fue el escocés Charles Rennie Mackintosh.
El Modernismo se definió como estilo en Bélgica, de donde se difundió a otros países, y Victor Horta (1861-1947) fue su iniciador. La Casa Tassel, construida entre 1892 y 1893, es considerada como el manifiesto del Art Nouveau, al romper con los estilos pasados y proponer un lenguaje nuevo en el que se funden e identifican estructura, función y ornamento. Utiliza el hierro como material estructural pero, al infundirle formas curvas que semejan tallos u ondas, lo convierte también en elemento decorativo. El espacio interior se distribuye de forma libre y novedosa: sin pasillos ni habitaciones en fila, con sorprendentes fuentes de luz. En la Cataluña de finales del siglo XIX existía una próspera y culta burguesía que impulsó, en su afán de modernidad, las nuevas formas arquitectónicas, sobre todo en la construcción de sus mansiones.
Surgió así un grupo de arquitectos (Domènech i Montaner, Puig i Cadafalch, etc.) que se pueden adscribir a la corriente modernista de signo franco-belga. Sin embargo, la figura más destacada fue Gaudí (1852-1926), auténtico genio que vivió al margen de las corrientes de moda y se adelantó, en sus indagaciones personales, a las tendencias de su tiempo. La Casa Milá (1905-1910), una de sus obras maestras, la concibió como un gran pedestal de roca erosionada para un grupo escultórico con la Virgen del Rosario, que al final no fue colocado (la esposa de Pere Milá, que encargó la obra, se llamaba Roser, Rosario en catalán).
La arquitectura se convierte así en organismo vivo con referencias al mundo natural: se asemeja a un grupo de montañas excavadas (de ahí el nombre popular de «Pedrera»), con arbustos metálicos en los balcones, y cumbres nevadas con chimeneas antropomórficas; toda la fachada presenta un ritmo ondulante que concuerda con la ordenación espacial interior; y esta adopta una planta libre que sugiere una estructura celular.
Pincha en el siguiente enlace para acceder al PDF del tema 4. El modernismo. Ana Galván
Etiquetas:
Arquitectura s. XX,
Gaudí,
Modernismo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
